sábado, 14 de mayo de 2011

Nunca llueve a gusto de todos


El sábado amanece para mi bastante tarde, con recuerdos de no hace muchas horas cuando aún era viernes y había salido con unos amigos a cenar.
El quedar con los amigos para cenar no es sólo éso sino que lleva implícito una noche larga de confraternidad y con algo de excesos. Pero sarna con gusto no pica.

Volviendo al presente, al sábado, día de bochorno y con algo de nubes. Aunque la previsión era de lluvias uno siempre espera que el hombre del tiempo se equivoque pero cada vez se equivoca menos.
Con remordimientos de la noche anterior, decido coger la mochila y tirarme un par de horas en el gimnasio. Hasta aquí nada fuera de lo normal. Pero cuando estoy a punto de salir del gimnasio, se pone a llover... y con ganas de no parar en toda la noche.
Pobre de mí que con el calor que hizo durante el día sólo me llevé al gimnasio un pantalón corto y unas zapatillas. La típica indumentaria del turista.


Y a mí, que no me gusta nada mojarme y sudar después de una buena ducha, no me ha quedado otra que echar una carrera del gimnasio a casa: unos 5 minutos corriendo. Al llegar a casa me he tenido que dar otra ducha pues llegué empapado en sudor - y lluvia.
Y al llegar a casa, para de llover. Si cojo al que está tirando cubos de agua lo ahogo en uno de ellos.

Así pues, aviso para navegantes: si el hombre del tiempo dice que va a llover, no vayáis de pantalón corto y zapatillas al gimnasio.